jueves, 18 de agosto de 2016

Alojarse en un crucero por Bahamas

Yo no sé qué le enseñan a estos pobres niños en el Colegio hoy día, pero lo primero que hizo mi hijo anoche cuando di en casa la sorpresa de que este verano nos íbamos de viaje a Bahamas, fue preguntar:

- ¿A dóndeeeeeeeeeeee?

- A Bahamas, Blas. Bahamas.

- ¿Y eso está muy lejos?

Ignorancia absoluta.

Inmediatamente me indigné y le dije que lo buscara en https://es.wikipedia.org/wiki/Bahamas.

Pero no me hizo el menor caso y se fue con sus amigos al parque a cazar algún pokemon.

Vaya desastre de juventud.

Cuando yo tenía su edad, ya ayudaba en el negocio familiar y tenía una serie de responsabilidades, pero los chicos de ahora han cambiado mucho y se creen que todo es juego, tecnología, internet y ordenador.

Ni siquiera se interesan por ver mundo. Les dices que nos vamos de viaje y se encogen de hombros, y se preocupan más por saber cuándo volveremos y si allí hay internet…

Yo, por una cuestión de fina ironía, le he dicho, que Bahamas le encantará, porque está llena de pokémones.

Ahí se ha puesto a dar saltos de alegría y a preguntar  cuándos salíamos.

En fin. Qué juventud.

Después le he tenido que plantear el siguiente chantaje: Blas, si quieres cazar pokémones en Bahamas, tienes que investigar algo sobre ese lugar y contarme lo que has encontrado.

A la media hora me ha traído una redacción, muy bien escrita:

“Islas de América. Capital, Nassau. Fue lo primero que Cristobal Colón se encontró al llegar a América. Primero fueron Españolas, claro. Y después, inglesas. En 1973 obtuvo su independencia.

“Es un país muy rico, por detrás de Estados Unidos y Canada, ni más ni menos.

“Antiguamente se llamaba Islas Lucayas y sus pobladores eran conocidos como Lucayos.

“Tiene aproximadamente setecientas islas y cayos.

“El clima es tropical, pero lo malo allí son los huracanes (papá, espero que no pillemos ninguno).

“Su economía depende del turismo y de los bancos.

“Inglés es su idioma oficial y la mayor parte de la población es cristiana.

“Sobre la abundancia de Pokémons aún no he encontrado nada, papá, pero seguiré investigando…”.

Le he dedicado un sentido aplauso a mi hijo después de leer su redacción en voz alta, y le he animado a seguir buscando información sobre su juego favorito. Así al menos está entretenido y aprende algo.

Lo que aún no he querido decirle es que no vamos a viajar en avión exclusivamente, como él piensa, porque he contratado un crucero a Bahamas.

La noticia no va a gustarle, porque desde que un día vio la película Titánic, no quiere saber nada de barcos.

Le he explicado miles de veces que eso pasó hace muchos años cuando aún la tecnología no estaba muy avanzada y no favorecía a la navegación marítima tanto como hoy.

Pero como es un cabezota, no lo entiende y está empeñado que todos los barcos van a tener problemas en altamar.

No voy a decírselo hasta el último momento, pero claro, antes o después tendrá que enterarse.

No podrá hacer gran cosa, porque una vez en el continente americano será cuando iniciemos el crucero, y se ponga Blas como se ponga, no puede volver nadando a casita.

Tendrá que aguantarse y aprender a apreciar los viajes en barco. A mí los cruceros me parecen una de las mejores formas posibles de viajar.

Aunque mucha gente no esté de acuerdo conmigo, como mi mujer, sin ir más lejos. Ella adora los coches y los aviones, pero los barcos no le hacen gracia. Blas ha debido de heredar eso de ella.

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