viernes, 13 de junio de 2014

Concertar entrevistas de trabajo en los hoteles

Si, claro que podemos, pero creo que prefiero volver a casa, a casa de mi padre… Dos hombres con elegantes chaquetas cruzadas y pantalones de franela bajaron del coche y se acercaron a la puerta. Sabian quien era. El empleado del aeropuerto habia llamado para avisarles. llamo a un taxi que se detuvo haciendo crujir los frenos. tambien. La galleta de la fortuna de  habia acertado. La buena noticia del dia habia sido el nacimiento de una nueva amistad. Por primera vez desde que se conocian, sentia que  podia llegar a ser su amigo, y un amigo muy interesante. Tu has estado en el Glitter Gulchhabia dicho, alzando la voz para imponerse a la television—, has visto a los crios esperando a las puertas de los casinos porque sus padres estan jugando dentro. Deberiamos crear un lugar en que los padres puedan dejar a sus hijos dentro del casino.

Ofreceremos juegos a los crios, inventaremos algo. Sin decir nada mas,  lo dejo y llamo a un taxi para que lo llevara a la estacion. Debia volver a Malaga para asistir a una reunion al dia siguiente y habia decidido tomar el tren porque tenia que revisar un monton de documentos. Pensaba volver el jueves por la noche y dedicar el viernes a entrevistar a los candidatos al cargo de gerente del hotel; tenia que elegir entre tres personas, dos de ellas excelentes y una tercera que mantenia en reserva por si acaso. Decidio olvidarse de y concentrarse en sus propios asuntos. A lo mejor su hermano tenia razon, quiza a su madre no le molestaba su comportamiento. Quiza le compensaba tenerlo en casa.  tuvo una sensacion extrana. ¿Por que despues de la discusion era el el que se sentia culpable? Lo unico que habia hecho era cumplir con su deber. Llevaba rato conteniendose, pero lo que acababa de oir era demasiado burdo como para seguir ejerciendo de buena esposa.

siguio en la limusina rumbo al sur. Pensando en su familia, se puso a mirar por la ventana, demasiado triste para llorar. Cuando el paroxismo cedio,  tomo conciencia de la hierba, la brisa, sus pechos desnudos, sus piernas abiertas. Y de Alistair, que le sonreia de aquella manera dulce y misteriosa.

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