jueves, 7 de noviembre de 2013

Que entendemos por un alojamiento de lujo

[caption id="attachment_163" align="alignleft" width="350"]Un alojamiento de ensueño El mejor alojamiento de lujo[/caption]

Las películas nos muestran en ocasiones algunos hoteles como el no va más del lujo y la sofisticación en cuanto a servicios, comodidades y todo lo que podamos imaginar a nuestra disposición en el mismo, pero ¿es eso que realmente nos vamos a encontrar en el hotel cuando lo visitemos? Mi experiencia hasta ahora me decía que no, pero me temo que he de tragarme mis propias palabras.

No obstante he de matizar que lo que para mi es un alojamiento de lujo tal vez para ti no lo sea, y que factores que yo aprecio en la valoración de un hotel, como pueden ser o no la cercanía al centro, el alojarme o no en temporada alta, media o baja, el ir en un viaje de negocios o en un viaje de placer, acompañado o solo y dentro de acompañado si es con familia, con amigos o en una escapada romántica, los días en los que voy a alojarme si son días laborables o festivos... un montón de variables con los que es posible que cuanto menos, discrepemos un poco.

La relación entre calidad y precio en un hotel es para mi fundamental a la hora de optar por uno u otro establecimiento, siempre que el resto de variables sean constantes, pues caso de variar alguna como por ejemplo el servicio de habitaciones las veinticuatro horas, el parking vigilado o un vehículo de gama alta como cortesía del hotel, me hacen inclinarme favorablemente por quien me los ofrezca.

Es posible que de tanto viajar me haya vuelto un viajero exigente y que yo requiera una respuestas del sector hotelero que es precisamente quien ha de adecuar su oferta a la demanda que los clientes de alto poder adquisitivo les demandan, valorando sobre todo la atención del personal y la limpieza. ¿La limpieza? Pues si, es de lo que más valoramos los clientes de un hotel, independientemente de nuestro poder adquisitivo.

Y me dejo al final lo que más me fastidia: las aglomeraciones. Por eso huyo de viajar en temporada alta, salvo que no me quede más remedio, cosa que sucede con una frecuencia mucho mayor de la que para mi sería deseable.

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